Galería de Arte Contemporáneo. La Lisa
Exposición El Naufragio de Europa - Sara Quintero. Galería de Arte Contemporáneo La Lisa
>>El Naufragio de Europa
del 4 de Septiembre
al 10 de Octubre

"CALOR Y CALOR GRIEGOS EN UNA LIBRA DE CARNE"


Las estatuas griegas se le descomponían a Winckelmann entre las manos, desmoronándose, deformándose en cada intento porque encarnaran aquel ideal de noble sencillez y serena grandeza con que aspiraba a coronarlas en falso. La transparencia nívea de los cuerpos de mármol que le obsesionaban hasta el delirio no era resultado, pese a sus pretensiones, de ninguna trasposición del sutil aire griego, sino, en verdad, un auténtico y sangriento despellejamiento: la piel, arrancada por completo, cumplía la maldición de El Mercader de Venecia: ni una sola gota de sangre escurriendo por los muslos, los antebrazos, las mejiallas, y tiñendo el suelo heleno. Así, a aquella carne entre explícita e indolente -viva y muerta, celestial y mortal-, se le obligaba a confesar cuanto reprimía… Tampoco las cuencas vacías de los ojos expresarían todo el horror de ver el cuerpo propio desmembrado, fuera de sí, o dominado por los otros. La pintura tendría que haber salido en auxilio de esa materia inerte que había dejado de expresar la violencia y el patetismo de la cultura griega antigua, su auténtica desesperación. Pero, qué sarcasmo (sarcasmós es por cierto la piel que se quita al enemigo después de matarlo), ella tenía sus propios problemas, empeñada como estaba en reflejar el horror por sí misma y con sus propios medios. Todo ojos y vacío, las representaciones de sus escenas nos dejan al borde de la parálisis de Gorgona, aunque Winckelmann no quiso saber nada de eso, recurriendo machaconamente a cierta versión impecable pero desvirtuada, apolínea pero frígida, que cobijara a todos esos adolescentes divinizados, sin vello ni rubor ni sexo. “Cuanto mayor es la redondez del perímetro de la superficie de la figura, tanto mayor es su arte”, alcanzaría a decir, justo antes de deducir de ello que los relieves, que carecen de perspectiva -literalmente- tienen ahí su talón de Aquiles para una general aceptación. Yo creo que los dibujos de Sara Quintero en esta exposición, con su aire de paráfrasis de la escultura clásica, su visión aplanada y cercana a la sanguina o el carboncillo académicos, tan salpimentados, vienen por fin a dar una suerte de segunda oportunidad a todos esos “astros fríos” que Winckelmann adoró hasta la idolatría para que se calienten ahora siquiera un poquito. ¡Cuánto me alegro por ellos!


Óscar Alonso Molina
Sifnos, Grecia, 20 julio 2015